I. El origen de una cepa que casi desaparece
El Malbec no siempre fue protagonista
Nacido en Cahors, en el suroeste de Francia, durante siglos fue una cepa de apoyo: aportaba color y estructura en cortes, pero rara vez ocupaba el centro de la escena.
En el siglo XIX, su destino cambió. Primero, enfermedades afectaron los viñedos europeos. Luego, en 1863, la filoxera arrasó con gran parte de las vides francesas, incluyendo al Malbec. Aun tras la replantación, la cepa no recuperó su lugar. Fue desplazada por variedades más productivas y resistentes.
La helada de 1956 terminó de sellar su declive en Francia. El Malbec, tal como se conocía, quedó al borde de la desaparición.
II. El renacer
Pero la historia no termina ahí. A mediados del siglo XIX, antes de su caída en Europa, el Malbec había cruzado el océano. En 1853, el agrónomo Michel Aimé Pouget lo introdujo en Mendoza, donde encontró condiciones inesperadamente favorables: altura, amplitud térmica y suelos que potenciaron su expresión.
Durante gran parte del siglo XX, el Malbec en Argentina se usó principalmente para blends, pero en la década de 1990 comenzó su auge como varietal puro. Productores visionarios, casi alquimistas de la vid, redescubrieron sus virtudes y lo elevaron a la grandeza. Desde entonces, el Malbec de Argentina se alzó como un emblema de la nación y salió a conquistar el mundo, como lo hicieron el Malbec Argentino de Catena Zapata, el Mundus Bacillus Terrae Malbec de Adrianna Vineyard o el Fabre Montmayou Reserva.
III. La llegada a Chile
En Chile, históricamente dominado por Cabernet Sauvignon, Carmenere y Syrah, el Malbec tuvo un desarrollo más tardío. Sin embargo, en los últimos años comenzó a ganar terreno. La cercanía con Argentina, el intercambio cultural y la búsqueda de vinos más expresivos abrieron el camino.
No solo los consumidores se sumergieron en nuevos brebajes: vinos más expresivos, frutales y fáciles de beber, características que el Malbec ofrece con naturalidad, sino que además los alquimistas del vino se lanzaron a producir Malbec en suelo chileno como lo hizo Luis Felipe Edwards.
IV. Malbec, un vino de mil rostros
No hay un solo Malbec, sino un millar de expresiones. Su carácter cambia según el terruño que lo acoge, según la mano que lo moldea, según el tiempo que reposa en madera o en antiguas ánforas de barro.
Según su vinificación pueden ser:
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Jóvenes y frutales: Vibrantes como la sangre de la uva, con notas de ciruela y cereza, como el Álamos de Catena.
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Criados en roble: Adquieren sabiduría con el paso del tiempo, dejando tras de sí aromas de cacao, vainilla y tabaco. Un ejemplo de esto es Intocables de Finca Las Moras.
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De microvinificación: Nacidos en pequeñas partidas, custodiados en ánforas y huevos de concreto, reflejan con pureza el espíritu del terruño.
Según su origen pueden ser:
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De altura: Criados en las alturas, donde los vientos helados les otorgan acidez y taninos firmes así como lo expresa el LFE 900.
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De climas fríos: Frutos de valles de gran amplitud térmica, exudan frescura y mineralidad, como nuestro Malbec Uno Platinum de Antigal.
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De suelos calcáreos o arenosos: El carácter del suelo les otorga texturas que van de la seda a la piedra, como se puede percibir en todos los vinos de viña Adrianna de Catena.

V. La búsqueda del Malbec perfecto
Frente a la diversidad, elegir puede resultar abrumador. La clave está en entender que cada botella es una interpretación distinta del mismo origen.
Un buen comienzo es recorrer el alma del Malbec a través nuestra trilogía: Tria Tempora Malbec, que viaja desde su cuna clásica con el Reserva Malbec de Fabre Montmayou, pasando por la expresión de este varietal en altura con el Paraje Altamira Malbec de Catena y finaliza con un acercamiento a una visión audaz de futuro de LFE con su 900 Malbec. Así, poco a poco, el paladar empieza a reconocer sus matices.
VI. Un símbolo que trascendió su origen
El Malbec es hoy mucho más que una cepa. Es el ejemplo de cómo el vino puede transformarse, adaptarse y encontrar su lugar lejos de su origen. Cada copa contiene esa historia: la de una variedad que estuvo al borde del olvido y que, contra todo pronóstico, encontró en otro territorio su máxima expresión.
En BenditoVino cada etiqueta elegida forma parte de ese relato.












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